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más información:

http://www.gamasutra.com/view/feature/6369/the_crowdfunding_revolution_.php?page=1

http://www.gamasutra.com/view/feature/6353/the_crowdfunding_revolution_.php

El crowdfunding como caballo de Troya del procomún

De la financiación en masa a la colectiva

El crowdfunding, o financiación en masa como se traduce a veces al castellano, supone todo un nuevo paradigma de la red y las posibilidades que ofrece Internet para crear nuevos modelos socioeconómicos. Resumiendo mucho su reciente historia, surge con casos esporádicos (entre los 90 y el nuevo siglo) de llamadas de apoyo económico a sus fans por parte de grupos de música y de promotores de películas, y se comienza a replicar desde hace poco más de dos años en cada vez más plataformas. Éstas aglutinan infinidad de ideas, proyectos e iniciativas de terceros que, sumando progresivamente pequeñas cantidades económicas, aportadas por el máximo de usuarios posibles, permiten recaudar el suficiente dinero para llevarse a cabo.

Normalmente a cambio de alguna recompensa proporcional (una pegatina, una camiseta, salir en los créditos, una versión extendida o firmada del producto, etc), el creador propone una gama de importes ya prefijados con los que se puede ayudar, lo cual facilita la transacción. Algunos de los impulsores de estos proyectos consiguen sumar el capital necesario y muchos otros no, en una especie de selección natural de su talento y capacidad de empatizar para atraer la atención (y el dinero, en última instancia) de internautas con ganas de apostar por ideas y recompensas individuales que les gusten.

Es un fenómeno tan nuevo todavía que traducir el término en nuestro idioma no resulta trivial. Aquí nos referiremos a él como crowdfunding a menudo, pero en un momento determinado dejaremos de hablar de financiación en masa (con las connotaciones que el término supone, cuando lo masivo a menudo no es lo mejor ni más inteligente, ni efectivo a la larga) para referirnos al fenómeno como financiación colectiva, que creemos connota lo compartido, coordinado y cuidado, algo que debe tener un papel muy importante en lo que a través de dicha financiación se puede lograr. Pero vayamos paso a paso…

De un tiempo a esta parte se puede constatar que el crowdfunding se encuentra en plena expansión por la red, y a día de hoy son muchos los ejemplos de este tipo de plataformas en funcionamiento, tanto a nivel internacional como desde España. Cada una con su idiosincrasia y peculiaridad en el planteamiento, pero a grandes rasgos el canon de diseño funcional y conceptual es por lo general el mismo: (a) cantidades económicas prefijadas y escaladas a cambio de recompensas individuales preestablecidas, (b) un objetivo de financiación que si no se alcanza en el plazo previsto no activa finalmente ninguna de las transacciones, y (c) la confianza como motor del acuerdo (según el cual el impulsor del proyecto llevará a cabo la obra prometida, y hará llegar también las recompensas establecidas a cada una de las personas que le han ayudado a financiarlo).

Obviamente, el riesgo de saturación por tanta competencia entre plataformas de proyectos, en esta feroz economía de la atención que es Internet, apuntaría ya a la posibilidad de otra especie de selección natural digamos que en la capa superior (la de las propias plataformas). Esto es algo paralelo a la capacidad que muchas iniciativas pueden estar adquiriendo actualmente para activar de manera autónoma, digamos que desde sus propios asentamientos web, los mecanismos necesarios para recaudar fondos bajo el mismo funcionamiento y filosofía (sin necesidad ya de una plataforma aglutinadora).

¿Tiene sentido en este escenario, por tanto, proponer una nueva herramienta de crowdfunding? Desde Platoniq creemos que sí. Por las razones que exponemos más abajo y especialmente por la capacidad, no explorada aún, de articular ciertas variaciones sobre la fórmula de la financiación en masa que hemos venido analizando desde que se inició el fenómeno. Para así utilizarlo, a través de una herramienta que hemos dado en llamar Goteo, con una finalidad y contexto muy concretos: la defensa y fortalecimiento del procomún.

El ámbito (amenazado) del procomún

Echemos una mirada rápida para contextualizar qué es eso del procomún (sáltense este párrafo y el siguiente quienes crean ya saberlo). Aún a riesgo de simplificar o de perder matices por el camino, podemos entender por procomún cualquier bien común y compartido del que pueden disfrutar todas las personas que forman una sociedad, sin ningún tipo de restricciones de acceso, y en cuyo cuidado y protección deben participar también el máximo posible de personas, para que así pueda ser legado a futuras generaciones en similares condiciones.

No es nada nuevo, sino que se remonta a los orígenes de la civilización y la utilización de los recursos naturales. También es el conocimiento y la cultura generados de un modo concreto, que permita su acceso libre y replicación. Y de un tiempo a esta parte se hace extensivo a los ámbitos de Internet y las TIC, por ejemplo en el caso del software libre.

Hablamos por tanto de cosas como un parque, una obra literaria o un programa informático determinado. Y de unas condiciones bajo las cuales se puedan recombinar libremente para crear nuevas cosas, procesos y oportunidades, innovando y ayudando de manera abierta al progreso de la sociedad. Dichas condiciones pueden permitir que se cite al autor original, que éste obtenga recompensación por su trabajo e incluso que su creación llegue a más personas, y por ese motivo suponen una garantía de regulación pero también de expansión del procomún.

Sin embargo, la progresiva mercantilización, sobreexplotación y descuido en torno a los bienes comunes que como sociedad hemos heredado o generado los ponen actualmente en peligro, que es cuando como explica Antonio Lafuente nos solemos acordar de ellos. Por ese motivo creemos, junto a mucha otra gente, que es importante fomentarlos y reforzarlos activamente, (re)descubriendo el procomún en las posibilidades de Internet y lo digital pero también en el uso de nuevos lugares donde queremos vivir y trabajar. O en el vasto mundo de la educación, donde tanto urge innovar. O en nuevos modos de producción y distribución de alimentos ecológicos y la preservación del medio ambiente en general. O también la creación productos de hardware libre y fácil de replicar, por citar sólo algunas áreas de las muchas que se deben explorar.

Investigación aplicada al codiseño con usuarios

Ha habido dos caminos para diseñar la herramienta de Goteo y moldearla según el contexto social en que debe inscribirse: tratando de contrastarla con la evolución de la financiación en masa en Internet, por un lado, y por otro con las expectativas y percepciones de usuarios de la red. De personas que, en definitiva, destinarán tiempo y dinero a aportar su grano de arena para que un proyecto que les gusta pueda pasar de ser una idea a una realidad.

En primer lugar iniciamos, a finales de 2009, un proyecto de investigación de lo que todavía era una tendencia incipiente, analizando las similitudes y diferencias entre las primeras plataformas y mecanismos de crowdfunding surgidos hasta entonces. También buscando sus conexiones con otros fenómenos digitales y offline, como por ejemplo el crowdsourcing y el peer-to-peer, los microcréditos de corte benéfico y los procesos de participación y sociabilización en un sentido amplio. Y llevando a cabo aproximaciones a experiencias significativas de micropagos como Flattr, iniciativas de apoyo a proyectos web como Mozilla Drumbeat o la economía distribuida en torno al open hardware.

En paralelo, llegados a un punto de suficiente conocimiento sobre ese entorno, diseñamos el taller “Goteo, cultura de la financiación colectiva” que desde de diciembre del 2010 hemos estado reproduciendo en numerosas ciudades de España.

Mediante este taller tratamos de comprender mejor qué decisiones adoptan diferentes tipos de personas y los motivos que les mueven: el peso de determinadas informaciones de los proyectos que buscan financiación, las recompensas que prometen o los resultados a que aspiran. También factores relacionados con el modo de comunicar y el tipo de relación que se puede establecer entre todos los agentes del sistema, para que el paradigma conceptual del crowdfunding se aproxime también al de las redes sociales o las forjas de software libre.

Hay que señalar que en esta actividad han participado, jugando el rol de cofinanciadores, desde creadores audiovisuales y programadores informáticos hasta emprendedores, en un sentido amplio de la palabra, pasando por representantes de instituciones públicas (vinculadas a las artes escénicas, los museos, la educación o el mundo de la empresa) o también personas del ámbito universitario, quienes han podido descubrir y compartir criterios comunes para entender cómo funcionan los mecanismos del crowdfunding, y cómo tratar de replantearlos. Por ejemplo sobre el gran peso que tiene la originalidad de la propuesta en comparación a otros factores como las recompensas prometidas. O el incipiente interés por la repercusión social que puedan alcanzar los proyectos una vez realizados, así como el valor determinante a la hora de cofinanciar una iniciativa que implica conocer la experiencia previa de la persona o equipo que la impulsa.

Con el objetivo ya de crear una plataforma de crowdfunding que incorporase otras lógicas de colaboración, establecimos junto a ellos una metodología de trabajo basada en el prototipado y testeo conceptual de procesos. No tanto para ayudar a identificar características que debía presentar la herramienta a nivel de arquitectura de información o usabilidad, que también, sino para contrastar de cerca y compartir las percepciones y criterios de los usuarios a la hora de implicarse en un proceso de financiación verdaderamente colectivo. En este proceso también comenzamos a trabajar en red con el soporte de entidades como el Gabinete de Iniciativa Joven , el propio Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, y cabe destacar la colaboración estrecha con Amasté (Colaborabora), como también, la de expertos solidarizados con Goteo y el procomún como Arantxa Mendiharat, Cristina Riera, Jordi Planas, Anto Recio o Jorge Campanillas.

Los resultados de esa dinámica experimental y presencial han derivado, a su vez, en un tipo de taller que permite comprender mejor los procesos de financiación colectiva y adoptarlos, utilizando cantidades de dinero simbólicas que se asignan tras un proceso de análisis colectivo de proyectos reales. Gracias a esas dinámicas se ha logrado que la plataforma y funcionamiento de Goteo adopten unas características propias que detallamos a continuación, al tiempo que han generado conocimiento entre una red incipiente de contactos en torno a este fenómeno y su relación con el procomún.

Recombinando las lógicas del crowdfunding

Todo ello nos ha llevado a plantearnos cómo hacer funcionar el crowdfunding en relación a lo que mencionábamos al principio: que se acerque más a la sensibilidad y compromiso de una financiación colectiva, y no sólo la esporádica y a menudo falta de garantías de lo masivo. Se trata por tanto de características propias de Goteo que se combinan para obedecer a ese objetivo compartido que es fortalecer el procomún, tratando de armonizar fondo y forma para logralo de una manera coherente y eficaz.

¿Cómo crecer en un ecosistema de tanta competencia en la atención global, tantas plataformas de crowdfunding aspirando a captar fondos de los usuarios? Especializándose en un objetivo concreto: Goteo permite financiar exclusivamente proyectos que ofrezcan algún tipo de retorno colectivo. Que estén regidos total o parcialmente por licencias copyleft, como las de Creative Commons o similares, y por tanto que se pueda aprender sobre cómo han sido hechos y también remezclarlos, incorporarlos a un proceso o producto diferente.

¿Cómo garantizar que el impulsor de un proyecto lo lleva a cabo finalmente, y que su relación con los cofinanciadores pueda ser más estrecha? Estructurando en dos fases el proceso: Goteo implica una primera ronda de financiación, similar a las que se establecen normalmente, pero sólo para lograr el capital mínimo necesario para iniciar el proyecto. Una vez recibido, si se ha llegado a ese objetivo inicial, el creador dispone de otro plazo en que ponerse a trabajar informando de sus avances para lograr más fondos.

¿Cómo se puede ir más allá de lo económico para ayudar a un proyecto? Ampliando el tipo de apoyos que puede recibir: Goteo ofrece la posibilidad de solicitar en paralelo a cantidades prefijadas de financiación las habilidades concretas que un proyecto necesita de terceros (traductores, testers, prescriptores). También préstamos de recursos materiales (transporte, equipos) o infraestructura (espacios, instalaciones). Algo que permita establecer relaciones más estrechas que las de una transacción económica puntual.

¿Cómo combinar las aportaciones pequeñas con otras mayores, a cargo de entidades que también velen por el procomún? Creando una bolsa de inversión social: Goteo gestiona un fondo abierto a aportaciones de entidades públicas y privadas, a través del cual éstas pueden potenciar la cofinanciación de proyectos coordinadas con la comunidad y la sociedad civil, logrando así un efecto multiplicador.

¿Cómo ayudar, desde el mismo proceso de inscripción, a los creadores que aspiran a contribuir al procomún? Acompañando y asesorando desde la herramienta y su comunidad: Goteo dispone de un asistente contextual que guía todo el proceso de alta de proyectos, explicando la importancia de las decisiones que debe tomar su impulsor para lograr sus objetivos. También activa el asesoramiento, cuando es necesario, de una comunidad de expertos y apasionados en torno a temáticas concretas.

¿Cómo lograr que el procomún se extienda de modo efectivo y se refuerze globalmente, más allá de lo digital? Generando nodos autónomos de atracción y gestión: Goteo persigue que se instauren grupos de interés locales en torno a proyectos del procomún, para que gestionen la herramienta de manera independiente pero coordinada con el resto, generando así comunidades de proximidad que puedan tener impacto en su contexto.

¿Cómo aplicar los principios que defiende la herramienta a su propia esencia? Apostando por la trasparencia y la distribución abierta: Goteo es, además de una plataforma, una fundación sin ánimo de lucro e independiente, legalmente establecida para velar por unos objetivos comunes con las mayores garantías posibles. Además es software libre con todas las de la ley: cualquiera que en vez de establecerse como nodo de Goteo quiera utilizar el código fuente podrá hacerlo (a partir de 2012) bajo la licencia AGPL. De esta manera esperamos que en futuro cercano se sumen más programadores y nuevos desarrollos que también repercutan, mejoren o amplíen el código de Goteo y por tanto su apuesta por el procomún.

Se buscan procomunes viables

Llegados a este punto, en que la herramienta se encuentra ya en una fase beta (aún de acceso restringido, mientras se ultiman detalles de diseño y contenidos antes de abrirla finalmente a mediados de septiembre) aprovechamos este post para hacer una llamada a más ideas de proyectos impulsados por personas que quieran trabajar desde y por el procomún, para formar parte de la primera fase de financiaciones colectivas que propondrá Goteo.

Buscamos proyectos digitales (o no) que incidan en la sostenibilidad y/o la ecología, la educación y el aprendizaje, la investigación académica, el espacio público, los nuevos medios, el arte y el software, y también que destaquen por mezclar estos ámbitos (o mejor aún, si nos sorprenden porque son de otros muy diferentes . También personas y entidades interesadas en apoyarlos económica o humanamente cuando se abran desde la plataforma, para así ir conformando los pilares de esa comunidad de Goteo que haga crecer todo explicado más arriba.

Porque todo esto va, por si aún no había quedado claro, de que partiendo de la financiación colectiva se pueda llegar más allá del crowdfunding, contribuyendo a hacer crecer el procomún. Como un troyano que instalado en las lógicas de este sistema económico imperfecto que nos rodea pueda contribuir a cambiarlo desde dentro.

Platoniq (promotor de Goteo) y Enric Senabre Hidalgo (miembro del equipo dinamizador de Goteo)

http://www.goteo.org

vía CCCB LAB » Arxiu del Bloc » El crowdfunding como caballo de Troya del procomún.

Microfinanciaciones en Internet posibilitan externalizar proyectos creativos – El festival Trendwatching analiza el poder de las multitudes conectadas

ROBERTA BOSCOCAPRI 07/05/2011

Son tiempos duros para los profesionales de la creatividad y la cultura. Los recortes de los fondos públicos y la disminución de los patrocinadores privados hacen que sea cada vez más difícil encontrar financiación para proyectos artísticos y creativos. Entonces, ¿por qué no intentarlo con el crowdfunding?

El sistema, que consiste en recoger fondos mediante microfinanciaciones a través de Internet, confía la realización de una iniciativa a la actitud colaborativa de los internautas, el pueblo de la web social. Hay que aprovechar los huecos de la Red para colar proyectos, usar lo que se denomina wikiestrategias.

La práctica se inspira en los principios del crowdsourcing (palabra acuñada por el escritor Jeff Howe y el editor de la revista Wired, Mark Robinson), que consiste en externalizar diversos tipos de trabajo intelectual, utilizando el potencial de la multitud conectada a Internet. Identificado por The Wall Street Journal como una posible alternativa a los capitales de riesgo, el crowdfunding se está multiplicando en diversas plataformas, como IndieGoGo para el cine, Sellaband para la música y Kickstarter para todo tipo de proyecto artístico y cultural. También hay colectivos directamente dirigidos al panorama español, como Verkami, fundada en Cataluña por un biólogo, un historiador del arte y un físico, y Lánzanos, creada por tres veinteañeros.

El crowdfunding es uno de los aspectos del crowdpower, el poder de la multitud, una de las principales tendencias contemporáneas, según los participantes de la segunda edición del Trendwatching Festival, que acaba de clausurarse en Capri. Ha sido organizado por la Fundación Capri, que se propone volver a convertir la famosa isla italiana en el laboratorio intelectual que fue.

El objetivo del festival es “investigar los fenómenos que caracterizan el presente avanzado para definir los perfiles del futuro próximo”, según la comisaria Elena Marinoni, directora del Observatorio Tomorrow Now de Milán. Este centro analiza las costumbres socioculturales y los hábitos de consumo de la población y de los trendsetters, aquellas personas que marcan las tendencias.

“Los protagonistas del cambio ya no son los héroes culturales, sino las multitudes conectadas”, asegura Silvia Mion, responsable de la filial italiana de Zooppa.com, una plataforma que apuesta por un nuevo modelo de publicidad, basado en campañas realizadas por los usuarios de la comunidad, sean o no profesionales. Zooppa, que ya cuenta con más de 100.000 suscritores y 150 campañas para marcas como Google, Nestlé o Microsoft, lanza competiciones en las que pueden participar todos los usuarios registrados.

Si el área de acción de Zooppa es la publicidad, la de Nextstyler.com es la moda. La estrategia es parecida: se lanza una competición donde los jóvenes estilistas participan con un boceto que es sometido a la valoración de la comunidad. El traje ganador es producido sin coste por parte del diseñador, que obtendrá un porcentaje sobre las ventas realizadas directamente a través de la tienda online del sitio.

“En Nextstyler los propios usuarios crean, votan, producen y compran. Es la comunidad ideal para los adictos a la moda, que buscan siempre ropa sorprendente, innovadora y exclusiva”, indica Mary Palomba, fundadora del proyecto. Su propósito es dar vida a una marca de moda, en la que los futuros compradores son involucrados (a través de su voto) en la realización de los productos.

Sin embargo, no todo lo que atañe las nuevas formas de wikiculturas es positivo. Estas prácticas abren el debate sobre la explotación laboral de talentos, el incremento de la precariedad en las profesiones creativas y, a largo plazo, incluso la posible desaparición de los profesionales de la creatividad. Lo explica el economista italiano Alberto Cottica, experto en políticas culturales, autor del libro Wikicrazia y creador de Kublai, una comunidad para poner en contacto personas e instituciones públicas. Opina que “en muchos casos el problema del desarrollo creativo radica en la falta de interlocutores. Mucha gente tiene ideas brillantes, pero no sabe a quién contárselas y nosotros promocionamos el encuentro en un espacio virtual seguro y orientado al resultado”.

vía ‘Wikiestrategias’ para salir de la crisis · ELPAÍS.com.

Cuando el mecenas es multitud

Los artistas buscan en internet la financiación a sus propuestas

José Luis DE VICENTE | Publicado el 05/11/2010

Hace unos meses, cuatro estudiantes de informática de Nueva York tuvieron una idea: crear una red social libre y abierta en que, a diferencia de Facebook, los datos privados de los usuarios no estuviesen a disposición de ninguna empresa. El proyecto se llamaría Diaspora y utilizaría un modelo descentralizado y distribuido similar a las redes de intercambio de archivos, donde no hay ningún punto central desde el que controlar a los usuarios.

Con poco más de 20 años y sin experiencia laboral, los creadores de Diaspora pensaron que necesitarían cuatro meses y 10.000 dólares para realizar el proyecto. Para recaudar el dinero, solicitaron apoyo a través de la red a los que quisieran ver la idea hecha realidad. En sólo una semana habían conseguido esta cantidad, pero las donaciones siguieron llegando: han conseguido reunir 200.000 dólares, veinte veces más de lo que esperaban. Ahora, los 6.500 contribuyentes que aportaron entre 5 y 1.000 dólares cada uno esperan que no les decepcionen.

La historia de Diaspora es posible gracias a Kickstarter (www.kickstater.com), el servicio de “crowdfunding” más popular de la red. Ésta y otras iniciativas facilitan que artistas y creadores puedan buscar apoyo económico para sus propuestas, a través de pequeñas -o no tan pequeñas- donaciones. Desde su lanzamiento en verano de 2009, Kickstarter ha ayudado a recaudar 20 millones de dólares para multitud de proyectos creativos. El sistema funciona a través de unas reglas muy precisas. Los creadores explican su idea y fijan una cantidad mínima que necesitan para realizarlo. Si el proyecto se acepta tienen hasta 90 días para convencer a los internautas de que lo apoyen, a través de vídeos y mensajes personales. A cambio de las donaciones, los “micromecenas” reciben recompensas. Por 5 dólares reciben un agradecimiento en los créditos; más de mil, se agradecen con una cena en casa del creador.

Kickstarter funciona según un modelo de “todo o nada”. Al término de los 90 días, se entrega todo el dinero recaudado al creador (menos un 5% que se queda la compañia), si la cantidad que se fijó como objetivo se ha alcanzado. Si no, nadie gana nada.

Entre los proyectos de más éxito hay películas como Blue Like Jazz (300.000 dólares, por 100 apareces como productor de la película), libros como Punk Mathematics o productos de diseño experimental, como el Glif, un trípode fotográfico para IPhone. Su autor no podía arriesgarse a fabricarlo hasta que tuviese 500 compradores seguros; a través de Kickstarter ya ha conseguido más de 7.000.

Aunque Kickstarter sólo acepta proyectos desde Estados Unidos, en España hay otras iniciativas de micropatronazgo en activo. La pionera ha sido El Cosmonauta, una producción cinematográfica que intenta financiarse con microaportaciones desde la red. Las primeras plataformas españolas se lanzarán en 2011: Verkami, de funcionamiento similar a Kickstarter, y Goteo, promovida por el colectivo Platoniq. En sintonía con los llamados modelos de Giving 2.0 y la filantropía peer-to-peer, en Goteo se primarán las iniciativas culturales que generan un beneficio social y que ayuden a construir comunidad.

vía Cuando el mecenas es multitud.


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