REPORTAJE
Arte contra el sistema
Veinte obras critican la realidad económica ironizando sobre sus símbolos
SERGIO C. FANJUL - Madrid – 09/06/2010
Hay una tonelada de sal gorda repartida en paquetes de tres kilos (es decir, 333 saquitos) apilados en una montaña. Dentro de uno -solo uno- de los saquitos que forman esta instalación artística se encuentra un diamante valorado en al menos 1.000 dólares. El visitante tiene la opción de comprar un saco por tres euros, pero, claro, no sabemos dónde se encuentra el diamante y, además, en caso de que abriésemos nuestro paquete de sal para buscarlo, el paquete perdería todo valor como obra de arte: la artista dejaría de considerarla obra de su autoría. Esta paradoja, que plantea Fritzia Irizar en su obra Sín título (fe de azar) es solo una de las que deja al descubierto la exposición Fetiches críticos. Residuos de la economía general, que se puede visitar en el Centro de Arte Dos de Mayo de la Comunidad de Madrid, en Móstoles.
De eso se trata: de criticar al sistema económico dominante mediante la fina ironía, la reducción al absurdo, la transgresión o el uso de imágenes y objetos propios del sistema en contra del propio sistema, tergiversando, en algo que, a veces, recuerda a détournement de los situacionistas franceses. “No apelamos a ninguna comunidad racional, no creemos que se obtenga ventaja de mostrar el dolor que produce el sistema, eso se ha demostrado inoperativo”, dice uno de los comisarios, Cuauhtémoc Medina. “Así que mostramos la realidad del sistema deformada para mostrar que la realidad del sistema es la propia deformidad”.
El fetiche del título supone, a juicio de los comisarios, una descripción de las relaciones coloniales entre Occidente y África. Así, por ejemplo, uno de los objetos de Obras de la Chapman Family Collection, de Jake & Dinos Chapman, es un típico fetiche africano, parecido a un trofeo primitivo o a una máscara iniciática, que muestra el logo de los restaurantes de comida rápida McDonald’s, tallado en madera, en una especie de juego de espejos etnográfico. La exposición provoca en el visitante desde la media sonrisa a la cosquilla en la conciencia crítica, pasando por la indignación ante los absurdos del sistema económico.
El dinero, cómo no, es utilizado de esta manera en algunas de las más de 20 obras expuestas: por ejemplo en Hacer Dinero, un vídeo que muestra cómo el artista Federico Zukerfeld imprimió billetes bifacéticos falsos en una de cuyas caras se veía un valor de 100 dólares y en la opuesta el de cero pesos argentinos; billetes que posteriormente repartió de diferentes maneras por las calles de Buenos Aires. Una reflexión sobre el valor que se le otorga al objeto-dinero inspirada en los tiempos del llamado corralito argentino. En Museo de la moneda roja, Fran Ilich hace un muestrario de monedas y billetes de diferentes regímenes o movimientos revolucionarios: se pueden ver kópecs soviéticos, monedas zapatistas, pesetas de la Segunda República Española o cupones de la Revolución Cultural China, como en una historia económica paralela.
También los documentos oficiales son tergiversados, como el testamento real del artista Miguel Calderón, en el que deja como heredero de todas sus posesiones al multimillonario mexicano Carlos Slim, el hombre más rico del mundo según la revista Forbes. Los documentos fiscales y administrativos de empresas ficticias son convertidas en cuadros hiperrealistas en Pinturas Jiménez, modelo 036, de Martí Anson.
El Espectro Rojo es el nombre bajo el que se esconden los tres subversivos cerebros artífices de esta exposición: los comisarios Mariana Botey, Helena Chávez Mac Gregor y Cuauhtémoc Medina, establecidos en México DF. El nombre está tomado del Dieciocho Brumario de Karl Marx (1852), según explica Medina: “Hoy en día la transformación radical del sistema se ve como un espantajo, tal y como explicaba Marx en el libro. Esto es algo que creemos que hay que redefinir, una postura que hay que tener en cuenta y recuperar, crear una nueva cultura radical”. La exposición se complementa con un periódico, El Espectro Rojo. El fin de todo esto: “Hacer confluir la producción poética, la teoría y la reflexión política”, en palabras del comisario Medina. Lo consiguen.
Fetiches Críticos. Residuos de la economía general. Centro de Arte Dos de Mayo. Avenida de la Constitución, 23-25, Móstoles. Gratuito. Hasta el 29 de agosto. Más información en: Tfno: 912 760 221 / 13 o http://ca2m.org/es/presentes/fetiches-criticos
vía Arte contra el sistema · ELPAÍS.com.
Medidas contra la crisis (del arte) – MIGUEL CERECEDA
Originalmente en | abc.es | ABCD
Fue en Móstoles donde se proclamó el grito de la Guerra de la Independencia que llamaba a los españoles a la sublevación contra el ejército napoleónico. Y, aunque se ha cuestionado históricamente la importancia de aquel bando, e incluso el heroísmo de su alcalde, así como las consecuencias que aquella guerra trajo consigo, la ciudad sigue celebrando aquel pasado mitológico, con centros de Arte -y también comerciales- que se llaman «Dos de Mayo», avenidas de «la Independencia», colegios y polideportivos de «Daoíz y Velarde»… como si sobre aquel mito se forjasen todavía sus señas de identidad.
El valor de una empanadilla. El nuevo Móstoles de la democracia se volvió a hacer famoso gracias a una parodia desternillante de Martes y Trece. Sin embargo, esta ciudad de unos 200.000 habitantes tiene ahora un nuevo motivo para sentirse orgullosa. Pues no es tan sólo la única urbe en la que la Comunidad de Madrid parece estar haciendo algo sensato en materia de arte contemporáneo, sino que es también la primera en la que, como en un nuevo alzamiento, el arte es abiertamente llamado a la sublevación.
Un grupo de tres comisarios mexicanos que se hacen llamar El Espectro Rojo ha preparado para el CA2M la ambiciosa exposición Fetiches críticos, en la que se abordan muchas de las patologías de la obra de arte en la época de la crisis del capitalismo financiero. La exposición es estupenda, divertida y además es formativa. Su excelente catálogo, con abundantes textos sobre el problema del fetichismo, con información relevante de los artistas y con interesantes reflexiones sobre los problemas del arte en la cultura contemporánea, ha sido editado en formato de periódico y se encuentra gratuitamente a disposición del público. Es una exposición que trabaja en la dirección correcta, tratando de pensar las posibilidades crítico-emancipatorias que lo artístico todavía tiene.
Hacia la desmaterialización.
Después del ready-made y de la ingenua crítica de Benjamin contra la concepción aurática del arte, el combate contra su fetichismo mercantil se desarrolló en los sesenta y setenta en forma de conceptual, performance, instalación, happening, land-art y todo aquello que entonces se consideró como «desmaterialización» de la obra de arte. Sin embargo, de aquel combate no quedó apenas nada diez años más tarde. Lo sorprendente no fue el modo en que los viejos modelos de la pintura y de la escultura tradicionales resurgían de sus cenizas, ni tampoco la restauración de los antiguos canales de difusión -el museo y la galería- como los únicos en los que el arte era todavía tolerado y permitido. Lo más sorprendente fue la manera en que la resurrección mercantil de los años ochenta trajo consigo el desmantelamiento de toda la teoría y la práctica crítica de la vanguardia.
Después de aquella ofensiva, el arte supuestamente crítico y comprometido quedó sumido en una extraordinaria confusión. De las tres principales tendencias del nuevo milenio (la cínica, la estética y la crítico-política), ninguna parece ni poder ni querer transformar este orden. Frente a ellas, el capitalismo parece haberse naturalizado. No hay cuestionamiento crítico del dispositivo general de distribución desigual de la riqueza, ni tampoco de la resignada aceptación por parte del arte de su obstinada condición mercantil. Lo único que quedan son reiteradas protestas contra la violencia brutal con la que la desigualdad se impone. Pero, salvo la amarga denuncia, que termina transformándose también en mercancía fetichizada, el trabajo del arte no apunta más que en la dirección de una reiterada impotencia.
Fetiches críticos parece el intento de reconsiderar esta impotencia. Es decir, el deseo de tener en cuenta, por un lado, la sorprendente supervivencia fetichista de la obra de arte y, por otro, su posible carácter todavía crítico. El planteamiento de esta cuestión es por completo pertinente. Los artistas seleccionados la desarrollan de modo coherente y, aunque se acercan a la exploración de las formas del sometimiento, el juego con la delincuencia o las parodias de la falsificación, no por ello terminan asumiendo para sí la forma de mercancía. Cuando lo hacen, como en el caso de Fritzia Irízar, que oculta diamantes en sacos de sal que vende al público por tres euros, es tan sólo como parodia. O como lo hace la norteamericana Andrea Fraser, que se prostituye en una performance para evidenciar las condiciones de verdadera prostitución del mercado del arte.
Museos y tostadoras.
Alfredo Jaar construye, inaugura y destruye un museo en 24 horas, rechazando la plusvalía que el espacio genera; Jota Izquierdo se queda fascinado con las posibilidades de la obra de arte «en la época de su reproductibilidad pirata» y utiliza como modelo de reproducción la de los vagoneros mexicanos, que en España hemos dado en llamar top manta. Los comisarios, que se autorrepresentan paródicamente vistiendo «el uniforme del orden con zaragüelles rojos» -citando al Marx de El dieciocho de Brumario-, presentan también obra como artistas, a la vez que promueven la canonización del Santo Niño Cieguito de las Capuchinas de Puebla, denotando con ello una pequeña empanada mental que, como es tan sólo pequeña, no dudaremos en llamar «empanadilla». No en vano, esto es Móstoles.
vía | :: salonKritik :: |: Medidas contra la crisis (del arte) – MIGUEL CERECEDA.
Recuerdos de mundos lejanos
A partir de “Fetiches críticos”, o la necesidad de recordar que los replicantes engendrados por el sistema sirven para que nos miremos en ellos.
La exposición “Fetiches críticos” ofrece varias puertas para entrar a discutir sobre lo que significa el pensamiento en arte, la relación centro-periferia, los sistemas de poder, así como la necesidad de una crítica compleja frente a una situación también compleja.
Fetiches críticos es la última exposición inaugurada en el Centro de Arte 2 de Mayo, en la ciudad de Móstoles, Madrid. Está comisariada por El Espectro Rojo, grupo formado por Mariana Botey, Helena Chávez y Cuauhtémoc Medina.
La muestra, compuesta por obra de más de veinte artistas (entre los que se encuentran A Kassen, Francis Alÿs, Teresa Margolles o Alfredo Jaar), pone de manifiesto la necesidad de reconsiderar las relaciones de intercambio que sustentan y otorgan valor a nuestro modo de vivir. Pese a que en algunos casos puede llegar a pecar de cierta redundancia a la hora de escoger el número de obras por artista, apela, con éxito, al estímulo de salirse por la tangente que de manera eventual todos tenemos. Pero, sin embargo, la exposición Fetiches críticos es una construcción acerca de un territorio emplazado en los márgenes. Lo es, en primer lugar, por una razón geográfica de peso. Más allá de las asociaciones con localizaciones concretas que puedan dirigir las lecturas que de la muestra se hagan, lo cierto es que se define un territorio cuyo sistema parece estar sustentado en la práctica de la especulación. De manera opuesta a lo que cabría esperar, este nuevo lugar definido (y traído hasta nosotros) por el Espectro Rojo, no busca encontrar la convención ni lograr acuerdos, en definitiva, no parece estar interesado en perseguir la estabilidad.
Lo cierto es que desde allí se han traído, si no cabezas, sí testigos de sus prácticas habituales. ¿Propaganda política? Puede ser, pero sirve, a quienes lo vemos desde aquí, para desencadenarnos las ganas de mirarnos de otra manera.
Fetiches críticos trasciende el formato expositivo al uso, haciéndolo extensivo al soporte del periódico para poder, así, incluir en su relato complementos discursivos que no caben en las salas. Las lecturas de Bataille o Marx ofrecidas por los comisarios afianzan la alianza entre el conjunto de obras expuestas y el salvavidas marxista al que en momentos como el actual se suele recurrir. Una estética de recuperación de lo artesano y popular, con ciertos recuerdos al activismo a pequeña escala, hace de la publicación un verdadero fetiche de culto con el que llenar las estanterías.
Aunque hayamos entendido que algunos márgenes han dejado ya de ser tales, que el imaginario del centro emplaza ya en ellos, además de a marginados, a artistas y poetas, economistas y académicos, se les ha permitido conservar los permisos que en su día desde el centro se les otorgó. Los márgenes adquirieron el estatus de replicantes de los modelos que operaban en él. Como se sabe, la misión de los replicantes es hacer de espejo, convertir a lo canónico en objeto de mirada y pensamiento. El centro quiso mirarse en aquellos márgenes que le mostraron una imagen de sí mismo basada en las deformaciones y los replanteamientos que de él se hacían.
Este juego entre margen y centro termina siendo doble pues, si con la propuesta que desde lejos trae el Espectro Rojo, se comprueba que la plástica sigue siendo el laboratorio para la reformulación de los modelos vigentes, también se confirma la apuesta del CA2M por asumir el papel del replicante en la escena institucional madrileña vinculada al arte actual.
vía Recuerdos de mundos lejanos – A*DESK.
Con la crisis hay quien juega
El colectivo Derivart interpreta la burbuja inmobiliaria con arte y humor
ROBERTA BOSCO – Barcelona – 14/06/2010
¿Qué es una burbuja inmobiliaria? ¿Cómo se forma y por qué explota? Se lo preguntan muchos ciudadanos y también Derivart, un colectivo que trabaja en la intersección entre el arte, la tecnología y las finanzas, formado por el artista Jesús Rodríguez, el ingeniero informático y diseñador Mar Canet, y el sociólogo Daniel Beunza.
En el ‘Tour del ladrillo’ se propone un viaje por grandes expropiaciones
El cementerio de empresas quebradas incluye vídeos sobre sus directivos
Juntos han decidido ofrecer una relectura de la historia de la crisis a través de sus obras, enfrentándose al pesimismo económico desde el humor, la ironía y el juego. Su exposición Jugando en tiempos de crisis, abierta en la galería TK de Barcelona hasta el 31 de julio, establece una interesante relación entre lo físico y lo virtual, lo analógico y lo digital, a través de obras que mezclan sin complejos técnicas tradicionales, como la pintura, con las nuevas tecnologías.
Así la Hipotecadora, una pieza de software art, accesible a través de Internet, donde el usuario debe introducir los datos de su hipoteca para conseguir una evocación gráfica de la edad que tendrá al acabar de pagar los plazos, se convierte en un sugerente dibujo a tinta china, donde Rodríguez ha reunido los rostros de algunas de las personas que han participado en el proyecto.
La plataforma virtual Casas Tristes, nacida como base de datos online para detectar las viviendas vacías o en desuso, se plasma en la muestra como una serie de serigrafías que combinan la visualización de determinados momentos históricos con el respectivo código de programación informática. “Casas Tristes no se creó para denunciar de forma individual las viviendas vacías o sus propietarios, sino para dar una visión general del problema a partir de datos concretos”, explican.
En este juego de metáforas y referencias -inmediatas, mas no por eso menos eficaces- todo empieza con una brillante hormigonera, en cuyo interior se proyecta un vídeo que enfrenta las dos caras del desarrollo inmobiliario: por un lado, el teóri-co de la estrategia de la expropiación de terrenos y, por el otro, las voces de los expropiados.
La larga sombra de la corrupción lo envuelve todo y resulta especialmente evidente en las fotografías del Tour del ladrillo, un viaje por los lugares de las grandes expropiaciones. “Que no cunda el pánico. Aunque se olvidan rápidamente, las crisis son recurrentes”, asegura Derivart. Lo demuestra con tres juegos, que han desarrollado para la Game Boy, con ocasión del 20º aniversario de la célebre videoconsola. En el primer juego, que se refiere a la crisis de 1980, hay que destruir los tipos de interés; en el segundo, la de los noventa, hay que conseguir que no suba el barril de petróleo; y en el tercero hay que destrozar la burbuja. Y como la del ladrillo es una historia que termina mal, la muestra se cierra con el cementerio de los Zombis inmobiliarios, ideólogos y víctimas de la burbuja, empresas en bancarrota, cuya lápidas además de las fechas de nacimiento y las de suspensión de pagos, muestran un vídeo con los mejores momentos de sus directivos. Verdaderas perlas.
vía Con la crisis hay quien juega · ELPAÍS.com.
http://www.derivart.info/index.php?s=qsomos&lang=eshttp://www.derivart.info/index.php?s=qsomos&lang=eshttp://www.tkgaleriadart.com/ficha_artista.asp



























































