
jueves 18 de marzo de 2010
Cultura contra la crisis
ECL. Madrid. La ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, defendió ayer en Pajarrancas de la Alamedilla el valor de la cultura como método eficaz para afrontar de manera decidida las alteraciones económicas producidas por la crisis. En un circunloquio (mesa redonda) que tuvo lugar al final del IX Congreso “Cultura y arrepentimiento” promovido por la concejalía de festejos de Pajarrancas de la Alamedilla, la ministra señaló -con una libreta en la mano para no perder el hilo del razonamiento- que los problemas económicos por los que actualmente está atravesando el país tienen dos orígenes concretos: el primero, las avaricias de ciertos sectores financieros estadounidenses y británicos (Drake Brothers y Somalia Investing & Consulting), y, el segundo, un grave problema estructural de la economía patria: la construcción. Como poco se puede hacer contra países entrenados en el pillaje, la piratería y las mafias económicas, la señora ministra propuso un ambicioso proyecto para sustituir paulatinamente la burbuja de la construcción española por productos culturales que finalmente tengan el mismo peso.
En este sentido, todos los presentes alabaron las buenas intenciones de Julio Medem, autor de obras muy sólidas, como Los amantes del círculo polar o Lucía y el sexo, y que ahora propone otro trabajo también muy resistente: Room in Rome. En el campo cinematográfico, sin embargo, el gran promotor inmobiliario es Jaime Rosales, cuyo afortunadísimo matrimonio le permite hacer construcciones como La Soledad o Las horas del día. Otros cineastas proclives al ladrillo son Vicente Aranda, Bigas Luna, Jesús Franco (adobe) o Agustín Díaz Yanes.
Las editoriales de Santillana, siempre dispuestas a colaborar con las políticas gubernamentales, aportaron, como ladrillos sólidos, los trabajos de Javier Marías (¡ahora la trilogía en una caja!), de Lucía Etxebarría y de unos señores guatemaltecos de nombres compuestos. En el congreso, la ministra también alabó La catedral de las fátimas, Vientos del ocho, Anatomía de un viento, etcétera, y se ensalzaron nombres como Ángeles Caso, Juan Cruz, César Vidal, Aburres Izaguirre, Almudena Grandes y otros grandes productores de materiales para la construcción. En el transcurso del circunloquio, los expertos presentes afirmaron que confiaban mucho en la grumosidad del nuevo libro de Arturo Pérez-Reverte: El auxilio.
Todas las editoriales, en realidad, hicieron sus apuestas para contribuir a sustituir la construcción por la cultura, y aportaron sus planes con profusión de vigas en ojo ajeno, ladrillos, bóvedas y bobadillas, engrudos, cementos, y etcéteras. Vázquez-Figueroa, que combina a la perfección cemento y ladrillo, anunció seis o siete novelas para el próximo año; y el representante de Juan Manuel de Prada prometió una autobiografía que se titulará: Más baboso no se puede ser. También se dijo que había que potenciar todos los premios amañados, puesto que así se favorecía el negocio y se mantenía alejado de intrusos y advenedizos con nuevas ideas. Los periodistas de El Mundo, la Cope, Libertad Digital e Intereconomía aseguraron que seguirán publicando cosas, aunque no puedan llamarse propiamente libros (por eso una de sus editoriales se llama A la Espera de los Libros).
La ministra concluyó su oración de despedida proclamando, con los ojos en blanco, una suerte de profecía:
-Confiad en los ladrillos culturales: os llevarán más lejos de lo que jamás habríais imaginado. Si lo sabré yo.



























































